Profesionalmente:
Soy extraordinariamente útil para crear espacios de ocio y hostelería de cuidado ambiente constructivo. Puedo asesorar, crear equipos de trabajo, dar coherencia a proyectos ya existentes, aportar contenidos de ocio y cultura, crear contactos con multitud de bandas de música antigua, popular o folclórica y, sobre todo, llenar el espacio de música maravillosa con mis inimitables sesiones ciencio-ficticias de música añeja.
También aporto mi creatividad a todos los proyectos en los que me implico. Lo que significa que diseño mis propios flyers, tarjetas, posters y tengo una parte activa continua en el desarrollo de mi web, como la tuve en el desarrollo de la web del Big Bang Bar.
Puedes ver trabajos de esta índole aquí.
De muchos ha sido conocida mi labor en el Big Bang Bar. Donde pude desarrollar un proyecto personal completo. Tal vez esa sería mi mejor carta de presentación profesional, sino fuera porque mi imponente presencia supera todos mis actos. Ahí queda.
Sin embargo mi experiencia en hostelería profesional comienza a mediados de los 80
cuando empecé a cursar mis estudios en la escuela de hostelería y restauración de Barcelona;
a cuyos exámenes finales no me presenté ya que empezaba la mili unos días después y no quise
emplearlos en estudiar.
Durante ese periodo estuve haciendo prácticas en el restaurante “El Racó d’en Freixa”, con el padre del ahora más famoso Ramón Freixa. De hecho con Freixa hijo limpiamos centenares de kilos de calamares. Tras meses de hacer de ayudante, y en fechas navideñas, me dieron un sobre como agradecimiento por mi apoyo. En el sobre habían 5000 pesetas. Una semana después alegué agotamiento y dejé mis prácticas allí. Si bien, quiero dejar claro que es un extraordinario lugar para disfrutar de auténtica comida catalana.
Como jamás me pidieron el diploma en ninguna parte, no tuve problemas para ir entrando en diferentes restaurantes.
Cinco días después de licenciarme de la mili, entré como ayudante de cocina en “Il Commendatore”, un restaurante italiano que pertenece al mismo dueño que “La Mamma”
y “Il Piccolo”. Me pidieron que hiciera una sustitución en pizzería, me gustó y allí me quedé;
hasta que se fue el jefe de pizzería de Il Commendatore, el jefe de pizzería de la Mamma…
y me quedé yo solo haciendo la preparación de dos restaurantes durante más de un mes sin fiesta alguna. A fin de mes añadieron 5000 pesetas en el sobre. A la media hora presenté mi dimisión… y se quedaron sin pizzaiolo.
Deambulé desde restaurantes a bares, tan sólo para darme cuenta que en casi todas las cocinas estaban completamente locos y alcoholizados, que se aceptaba el trato vejatorio como parte fundamental de la cultura hostelera, y que esos ojos rojos de coñac y esas caras rojas a golpes de horno no iban a ser los míos. No quise sus glorias y abandoné la cocina de restaurante para siempre.
Después de eso, pasé un par de años haciendo mantenimiento de publicidad y repartiendo guías telefónicas por toda España. Hasta que abrimos JUVENES con mi familia.
En Juvenes estuve de cocinero, vigilante, compras, venta, mantenimiento… y la suya fue la primera
web y el primer logo que hice. Y así, por más de 10 años, entrando y saliendo (no siempre por las buenas), fue pasando el tiempo.
En uno de estos paréntesis estuve de padre de alquiler de tenistas de élite de 12 a 14 años.
Me encargaba de que se levantaran, de que se asearan, de que estudiaran y de que la casa estuviera en orden. Les hacía las comidas, veíamos buenas películas y escuchábamos buena música entre partida y partida de playstation. Ésta fue la más gratificante experiencia laboral que había tenido hasta la fecha,
de la que conservo maravillosas amistades.
El resto es y ha sido el Big Bang Bar. Y después… ahora.
